Shi

ÁNGEL GONZÁLEZ

 

 

La crisis en El Salvador se abre como una ostra y nos entrega algo mejor que perlas: una ventana abierta para redescubrir en la oscuridad la estructura ontológica que guía los actos políticos de varios agentes y grupos de poder en la presente coyuntura.

     La filosofía política de la China clásica es un instrumento importante para comprender el movimiento, las maniobras y la praxis de individuos e instituciones que batallan incesantemente. Lo que observamos a primera vista en redes sociales no va sobre una batalla de buenos y malos, falsos y verdaderos, corruptos y honrados. En el fondo se trata de un campo de fuerzas con una lógica específica que es preciso describir junto a una bomba de destrucción masiva que, en manos equivocadas, es peligrosa: el shi.

     <Situación y ocasión>. Despertamos, tomamos el móvil y entramos a Twitter. Ante nuestros ojos aparecen un sinfín de intenciones traducidas en palabras, leemos micro discursos de funcionarios públicos u opositores políticos y la duda nos acompaña, ¿en qué momento inició esta o aquella ciber-pelea?

     Inmediatamente vemos la hora de publicación, ¿ahí inicia todo? La cotidianeidad de la China ancestral se caracterizaba por la guerra prolongada, por ello pensaban y reflexionaban en términos del conflicto. La totalidad de lo real (tao) se actualiza en cada instante, de la situación (xing) que nos choca solo apreciamos su máscara, su disfraz y es menester apropiarnos de ella, no desde la brusquedad y el arrebatamiento que nos impone Twitter (comento, retwitteo o bloqueo a las ya), sino con el respeto de lo que implica una situación: el resultado de algo que acontece por detrás.

     De lo que se trata es de comprender con paciencia para interpretar con sutileza. ¿es este un mero acto ocioso? No, tiene su utilidad política, interpretar para utilizar a tu favor, descifrar en el acontecimiento una oportunidad, una ventaja, un potencial que emana de lo inmediato (shi).

     Los mejores actores políticos entienden el talento de cada situación, el shi que es preciso atrapar mientras el adversario está desatento. Twitter es ejemplo de lo que hablo: la tendencia. Guerra de tendencias marcan la coyuntura: #BukeleDictador vs #QuéBonitaDictadura. Las situaciones tienen sus tiempos y sus movimientos, se dejan mecer por tendencias y el oportunismo o la ansiedad arruinan el proceso.

     El potencial de la situación (shi) visto como una ventaja que adquirimos de la tendencia no puede concebirse desde la precipitación, como un comprador tocando aguacates, hay que saber madurar la situación, esto es, captar la mutación de la situación en ocasión. La ventaja provechosa se adquiere cuando en el correr de los hechos que devienen con rapidez uno se detiene y observa al interior para vislumbrar la red de campos de fuerza que chocan e interactúan, produciendo un efecto traducido en situación inmediata.

     Lo real es efecto, dicen los chinos, y esto es así porque si nos quedamos anonadados solamente con los tweets que caen a diestra y siniestra tapando mentiras o justificando posturas, no logramos ver los elementos determinantes que generan ese efecto. Hay que ir a la raíz del árbol, ver hacia dónde se dirigen sus ramas y aprovecharnos. Es decir, para entender un tweet de un diputado denunciando la corrupción, hay que cavar hacia el origen y concluir que las cosas no son lo que parecen.

     <El sordo también escucha>. ¿No resonó con fuerza el silencio del secretario general de la OEA sobre el #9F durante meses? No es que leamos pensamientos, pero el silencio y el no-acto tienen más poder que el arrebatamiento del obrar mal. Encausar y engatusar la coyuntura a favor de uno mismo sin mover un dedo define la edad de la razón, es el yin, el saberse amante del desarrollo de una situación: pegadito, montado, encima de lo que desemboca con lentitud. Enrique Dussel lo define como el movimiento rítmico de las bailarinas de Cnosos, que saltan encima del toro, no chocaban ni detenían su curso, sino que conducían su carrera. Este es el arte del actor político: utilizar una pandemia a su favor y sin querer cambiar su curso proponerse objetivos específicos producto de la efectividad del no-acto.

     No hay que concluir a priori que la ausencia del contrincante en la batalla o su ocaso coyuntural forman parte de victorias que hay que aclamar. ¿La oposición cree que el presidente se debilita si sus peones caen inmersos en actos de corrupción? Dudo que se debilite. ¿Y el presidente tiene la certeza de que cada uno de sus actos ansiosos por torcer el movimiento tendencial de la situación va a desembocar en triunfos prolongados? No debería tener tanta certeza.

    <No te enojes (parchís)>. De este pragmatismo absoluto va la guerra política que tenemos en medio de la pandemia. Sin sentimentalismos o moralismos habría que comprender este juego del poder con un fin a corto plazo y con otro a largo plazo: las elecciones de 2021 y el fortalecimiento de bloques político-económicos que se quieren posicionar estratégicamente en puntos focales clave para montar al toro por los cuernos.

     La precipitación es un error común, las campañas electorales en medio de una pandemia que arrebata nueve muertos diarios forma parte del desliz. Para surfear con astucia hay que ver la dirección, el tamaño y el curso de las olas, cómo se van configurando los elementos que componen este proceso, hacia dónde va (yong) y su viabilidad.

     Yo defino este juego más como una partida de parchís que como un combate de ajedrez. Por la especificidad del perdedor en relación a una emoción: el que se enoja pierde; el enojo te cierra y anula el abanico de posibilidades que brotan. El enojo, dice Heidegger, lo vuelve ciego a uno mismo, impone velos, extravía a la persona en el camino de la reflexión y de la paciencia. El que gana es paciente.

     Sin embargo ¿qué se puede ganar mientras todo se derrumba? Solo el más cínico y soberbio jugador puede responder a esa pregunta. ■

 

6 julio 2020

Deja una respuesta