Ellacuría en la memoria

JAIME BARBA

REGIÓN Centro de Investigaciones

 

Parece mentira, pero llegó la hora de una pequeña cuota de justicia para el caso del asesinato de Ignacio Ellacuría y de sus compañeros jesuitas y de sus dos colaboradoras.

     Inocente Montano, el ex viceministro de Seguridad Pública, para 1989, está en el banquillo de los acusados en la sala de la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares, en las afueras de Madrid. Pesa sobre él nada menos que la acusación de ser parte de la autoría intelectual de este asesinato colectivo.

     El 16 de noviembre de 1989, la tropa perteneciente al fatídico Batallón Atlacatl que entró a la residencia jesuita y asesinó sin piedad a aquellos sacerdotes y a sus dos colaboradoras, no actuaron por su cuenta. Eso no amerita mayor discusión, porque todo el dispositivo de guerra que la Fuerza Armada de aquel entonces tenía, ubicaba a Ignacio Ellacuría, a Segundo Montes y a Ignacio Martín-Baró, al menos, como objetivos militares. Negar eso, sería una necedad. 

     Al leer parte de las respuestas (las únicas que quiso brindar, es decir, solo contestó las preguntas realizadas por su abogado) que acaba de dar Montano en el juicio que se realiza en España, es posible encontrar las nociones de ese mundo primitivo y arcaico que sostenía la mentalidad de los jefes militares salvadoreños de la guerra.

     Negó todo. Lo negará todo. Pero ha sido capturado y sus socios militares (y políticos) no se meterán a las brasas por él.

     El juicio recién comienza y ya hay anuncios de que desfilarán diversas pruebas y declaraciones. Sin duda, que la declaración que brinde Yusshy Mendoza, teniente en aquel entonces del Batallón Atlacatl y participante directo en los asesinatos de aquella noche terrible, podrán quizás iluminar algo la cerrada penumbra que por muchos años se lanzó sobre estos asesinatos.

     Quizá Montano no diga más, pero no importa, con lo expresado es posible establecer un cuadro básico de su participación.

     Ha dicho Montano que lo que había en la sede de la Escuela Militar, de donde salió el grupo de soldados para ejecutar el asesinato en la residencia jesuita, estaba constituido por una sección al mando de dos oficiales, y estaban allí a la espera de alguna orden. Es decir, para que se movieran esos soldados, los dos oficiales (o solo uno de ellos) debieron recibir una orden superior.

     En el inicio de su breve declaración, Montano admite (¡cómo obviarlo!) lo de los cateos previos y que fueron ejecutados por un pequeño grupo de la sección del Batallón Atlacatl que estaba acantonado en la sede de la Escuela Militar. Y ahí nombra a Benavides, quien era el director de la Escuela Militar en ese momento. Benavides y los soldados que cometieron los asesinatos, en su momento, fueron sometidos a juicio, unos condenados, otros absueltos, y todos amnistiados a los pocos años del hecho. En ese momento, Montano admite que el Estado Mayor autorizó esos cateos.

     Acto seguido, Montano menciona lo de las reuniones con el presidente Alfredo Cristiani, por ley, comandante general de la Fuerza Armada en aquel momento. Es decir, la ofensiva de noviembre desplegada por el movimiento guerrillero a partir del día 11, había puesto en alerta máxima a los militares salvadoreños, y según lo señala este ex viceministro de Seguridad Pública, estaban valorando si atacar las áreas donde se desarrollaba la acción guerrillera, lo que implicaría la muerte de muchos civiles, porque se trataría de una respuesta indiscriminada, y es que se hallaban, según sus palabras, en una situación límite de ganar o perder.

     A esas alturas hay ya muchos militares de alto rango enterados de los cateos, y un civil, Alfredo Cristiani. Algún día se sabrá de qué se habló en esas reuniones.

     Por tratarse de una acción conspirativa muy delicada, con seguridad, la decisión y la planificación de los asesinatos estuvo en manos de un reducido grupo militar. Los ejecutores, ya se sabe, salieron de la sección del Batallón Atlacatl acantonada en la Escuela Militar. Asunto que ya está aclarado, y que de seguro Yusshy Mendoza terminará de ratificar cuando le toque, en julio, su turno de testimoniar, ahora, en calidad de testigo.

     Pero de lo que se trata en este esfuerzo de judicialización, que lleva muchísimos años, es de dar con los autores intelectuales. Por eso fue capturado Montano. Por eso Montano está en el banquillo de los acusados.

     Los soldados que ejecutaron, de forma material, los asesinatos, ya se sabe quiénes fueron. Los autores intelectuales, aunque no lo quería decir y se anduvo por las ramas, Montano lo dijo, como en lenguas: Montano describió el dispositivo que había en la zona de la Escuela Militar y dejó claro que existía una cadena de mando. Así, los autores intelectuales son los de la cadena de mando.

    Ahora falta ver esas pruebas y esas otras declaraciones. Sin embargo, hay una persona que, sin necesidad de apremio judicial, puede dar su versión de los hechos: Alfredo Cristiani.

     ¿Hablará?

11 junio 2020

 

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