¿Por qué los hombres violan?

 

ANA BERNAL TRIVIÑO

 

Cartel de ‘Jauria’, obra de teatro documental creada a partir de la transcripción del juicio realizado a «La Manada», en España

Antes de que quienes tengan la piel muy fina se sientan ofendidos, recuerdo que hace unos años El País publicó un artículo titulado Por que los hombres violamos , sin fundamento científico. También adultos violan a niños, y no me siento ofendida como adulta. Si te altes con este titular, revísate. 

     Pongamos los datos sobre la mesa: las violaciones han subido un 38% (Ministerio del Interior), el 97.9% de esas agresiones las cometen hombres (INE), y los delitos sexuales entre los jóvenes han aumentado un 58% (Fiscalía). 

     A partir del caso de Dani Alves vuelven a surgir mitos y simplificaciones sobre la violencia sexual a las mujeres, tratando la violación como un suceso y no como un problema cultural y social.     Algunos puntos sobre este tema:

  1. No, no se viola por biología ni por deseo sexual. No hay respaldo académico a esa teoría, salvo quienes están a años luz de la Ciencia. Esa idea haría que todos los hombres fueran violadores y no todos violan. Ni violan solo los que no tienen pareja ni violan solo los que tienen alta la testosterona.
  2. No todos violan pero sí que en las estadísticas el mayor porcentaje de agresores sexuales son hombres, ¿por qué? Violan por poder. El poder que sienten cuando cometen la agresión a una mujer y, con ello, refuerzan su identidad. ¿Cómo? Someter refuerza su identidad. No respetar el consentimiento refuerza su identidad, el decir: «Yo estoy por encima de ti y tú no cuentas». 
  3. Agredir es, desde hace siglos, la forma de sumisión más efectiva. Y en las mujeres, la agresión sexual es la base de la máxima humillación. Si se agrede además con golpes y palizas, refuerza ese interés. Lo suelen emplear cerca del 70%. Para eso tienen que desvalorar a las mujeres, cosificarlas y deshumanizarlas. Es, ante todo, un problema cultural y educacional. Por eso, muchas veces, no han violado solo una vez.
  4. Violar siempre fue una forma de reforzar el poder del hombre de la sociedad y marcar «espacio». En la literatura y el arte están registradas violaciones como «actos de guerra». Hoy sigue. En cada conflicto bélico, las violaciones a mujeres son forma de poder y conquista. 
  5. «Pero cómo voy yo a ser machista, con lo que yo quiero a mi madre y a mis hermanas, yo nunca haría algo así a nadie». Por supuesto, porque los agresores y violadores siempre son los otros, pero nunca tú. Porque los agresores y violadores deshumanizan a todas las mujeres salvo la excepción de las «suyas» y de su entorno. Recuerdo: los maltratadores y agresores en prisión tienen madres y hermanas. No es un eximente. Otro problema es que no asumas una agresión porque normalizas que ese comportamiento es tu manera de relacionarte.
  6. Eso también ocurre en el entorno familiar. Kelly (2005) afirmó que se activa una cultura del escepticismo (la duda de que haya ocurrido) y una cultura de la culpabilización (que lanza la responsabilidad en la víctima). Los agresores además suelen usar la negación y la proyección para evitar asumir su culpa.
  7. La agresión está vinculada cada vez más con el ocio y la diversión. Así se ha visto en el aumento de violaciones en contexto de fiestas, discotecas y ocio. Han aprendido del porno esta tendencia y han normalizado las agresiones. Aún peor, han incluso erotizado la violencia.
  8. Les pone anular el consentimiento, forzar el sexo. Ya en 2015, una encuesta entre universitarios demostró que más del 30% asumía que violaría a una compañera si no fuera descubierto.
  9. Para no ser descubiertos, desarrollan tácticas. Desde ser personas con poder y dinero y buena imagen pública e «intocables», a un pacto implícito entre ellos, aunque no sean conocidos ni relevantes. De ahí, las violaciones grupales donde refuerzan su identidad pero también el reconocimiento entre los suyos. Juntos, la responsabilidad se diluye. Nadie reconoce el delito. 
  10. Persiste porque está instalada la cultura de la violación, más asociada a valores racistas, machistas, homófobos, clasistas y de intolerancia religiosa. Ejemplo de mito más abundante: «El 50 % de los hombres y el 45,6 % de las mujeres cree que el alcohol es, a menudo, el causante de una violación (no el violador, sino el alcohol), (CIS, 2017).

     Dejemos de tratar a todos los agresores como enfermos, dejemos de darles voz para decir que no lo hicieron (que lo demuestren en la justicia), dejemos de victimizar a ellas y revisemos ese 58% de menores que va en aumento. Crear una sociedad de violadores tiene mucho que ver con lo que enseñamos, con lo que negamos, con lo que informamos y con lo que dejamos de condenar. 

 

Fuente: click aqui

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