La soga aprieta

 

Equipo de Investigación Centroamericana

 

El 15 de septiembre de 2021, con las diversas marchas convergentes que desembocaron en el Centro Histórico de San Salvador, se verificó lo que ya parecía inevitable: ‘la magia’ que había venido sosteniendo la narrativa gubernamental del gobierno encabezado por Nayib Bukele ha encontrado, por fin, un reparo de masas en la calle.

     No se trata de la concentración más grande habida en las luchas cívicas del país, no, no es así, sin embargo, el hecho de que cerca de

10 000 personas hayan salido a las calles a desafiar por partida doble las condiciones de la emergencia sanitaria y también a un gobierno que parecía hablar en su nombre pero que en los hechos muestra otro comportamiento, pues es un indicio de que se ha roto el silencio y que la situación política del país puede encontrar un nuevo cauce.

     La administración Bukele, que se ha venido preciando de ser algo nuevo, por completo distinto a lo que ha habido, por falta de visión política profunda ha comenzado a perder la oportunidad de administrar con eficacia el inmenso caudal de simpatía ciudadana atesorado. No es que este gobierno se acabó ya, como algunas pancartas sugerían en la marcha, no, porque aún tiene margen de maniobra amplio. Lo que no tiene es flexibilidad conceptual para acomodar su accionar a las reacciones ciudadanas.

     Haber vapuleado en el terreno electoral, en 2019, a los grandes partidos políticos (las marcas ‘Arena’ y ‘Fmln’) intoxicó y obnubiló a las figuras dirigentes (si es que no solo hay una) del dispositivo cian de Nuevas Ideas. Esos grandes partidos, anegados en la corrupción y el desprecio por los seculares anhelos populares, sucumbieron al asedio mediático que el aparato de Nuevas Ideas les lanzó. Porque no se trató, lo de Nuevas Ideas ni lo de la ‘popularidad’ de Bukele, de un fenómeno de masas, como se suele decir. Y es ahí donde reside una de sus graves fallas para lo que ahora se avecina.

     Esta expresión masiva de descontento ciudadano tiene algunas novedades que es necesario destacar. Tres al menos: primero, no hay un centro coordinador visible y sin embargo hubo una convergencia de facto; segundo, la agenda expuesta casi que ha sido proporcionada por los despropósitos gubernamentales que desde 2019 han estado dando zarpazos con el objetivo de desmontar los logros institucionales del país y, tercero, este esfuerzo de movilización no es todo lo que está disponible, sino que es el anuncio, el comienzo de un despliegue complejo y conflictivo, sí, como son estos asuntos ciudadanos.

     Si el gobierno actual y el proyecto Nuevas Ideas y sus aliados casi ‘parásitos’ no leen bien de que se trata lo del 15 de septiembre, pueden seguir errando y continuar confiando en el marketing y la popularidad de Nayib Bukele para conjurar peligros. Es una opción, claro, pero un camino poco prometedor porque el escenario económico, ambiental, político y social del país amenaza con fuertes fracturas y sacudidas.

     La pretensión de la reelección presidencial de Bukele es sin duda un factor que incentiva la reacción ciudadana. Desde los tiempos de Maximiliano Hernández Martínez (1931-1944), esa tentativa continuista no se ensayó, ni siquiera en los años duros cuando los militares tenían todo el control de la situación política del país, durante las décadas de 1960 y 1970. ¿Qué ha hecho creer a Nayib Bukele y su grupo más cercano que esa ruta solo réditos le dejará? Quizá solo se trata de una intuición más, casi sin fundamentos, y que podría llevarlo al despeñadero.

     Las luchas cívicas de abril, mayo y diciembre de 1944 siguen vivas en la memoria nacional (menos en las de los detentadores del poder), y revisitarlas (sopesando con cuidado sus amargas lecciones, claro) podría anticipar lo que sería un posible escenario.

     El hecho de que la presente administración Bukele se haya dedicado (creyendo que lo que es efectivo en campaña electoral lo es también para la gobernabilidad) a atacar a diversos tramos y sectores de la sociedad, la ha llevado a abrir demasiados flancos. Amén de sus infundadas promesas de realizaciones por hoy intangibles.

     El control de facto de los tres órganos del Estado, pasando por encima de la constitucionalidad, aunque efectivo este control en lo inmediato, no parece que en el mediano plazo esto tenga capacidad de sostenerse. La acción de sacar del juego a los jueces mayores de 60 años, que es donde quizá se concentra la masa crítica judicial que puede estorbar las pretensiones de terminar de desbaratar el andamiaje constitucional, es uno de los hechos que ya no tiene nada que ver con el ataque a los grandes partidos políticos que, quizá, está dando por muertos de forma definitiva. Error de cálculo, también. Las marcas ‘PCN’ y ‘PDC’, ahora sus aliados a regañadientes en la Asamblea Legislativa, informan acerca de las siete vidas de estos adminículos partidarios.

     Existe un amplio abanico de problemas nacionales que este gobierno no ha sabido ponderar, y ha preferido aferrarse a ‘nuevas ideas desenfocadas’ que pueden, alojadas solo en las cabezas de los operadores comunicacionales, reactivar simpatías por el sendero cian.

     De hecho, la ‘respuesta’ al significado de las marchas del 15 de septiembre que ha dado Nayib Bukele, a las 8 de la noche del mismo día, es sintomática de su posición actual: por un momento se le ha ido la ofensiva en el discurso y en la acción. Ha ‘prometido’ que en un mes tendrá una propuesta para las pensiones. No la ha presentado (¡por que no tiene nada en este momento!), y una vez más improvisará. Después ha vuelto con lo del puerto, lo del tren y lo del arreglo de hospitales. Y, ha anunciado, lo que quizá será lo único que se materializará en un santiamén, lo del estadio. Que como lo harán los chinos, será a un ritmo despiadado y vertiginoso. ¿Y esa es la apuesta para atajar el desparpajo nacional que se está saliendo de control?

     El gobierno de ‘Arena’ encabezado por el hoy presidario Elías Antonio Saca, no obstante sus coqueteos populistas, por sus medidas concretas y por sus intenciones fue uno de sesgo pro empresarial sin ambages. Los dos gobiernos del ‘Fmln’ no fueron gobiernos progresistas, por el simple hecho de que se desfalcó el erario público también (siguiendo la ruta seca de Saca) y porque las acciones de intervención en los desequilibrios estructurales brillaron por su ausencia. ¿Y este gobierno encabezado por Nayib Bukele cómo podría caracterizarse? Si hay que atenerse a lo que son algunas de sus medidas emblemáticas (Bitcoin, agua y medio ambiente, manejo discrecional de emergencia sanitaria, apropiación de la chequera de la empresa autónoma estatal CEL) pues se trataría de un gobierno que, igual que sus antecesores, se apoya en los recursos públicos para encaminarlos a favor de intereses corporativos. Pero, además, es un gobierno que simula abanderar las genuinas causas populares siempre burladas, pero que en realidad solo las ocupa de mampara para ‘ganar tiempo’. El caso de El Mozote, de diciembre de 1981, no puede ser más ilustrativo y macabro, lo mismo que la ‘invisible protección’ a los militares involucrados en los asesinatos de Ignacio Ellacuría, de los otros sacerdotes jesuitas y de sus dos colaboradoras, en 1989.

     Empero, el tiempo se le acaba a Nayib Bukele y la campaña electoral de reelección presidencial la tiene que comenzar ya. De ahí que las propuestas de reforma constitucional que Félix Ulloa, personaje llegado a último minuto al barco cian casi en calidad de polizón, formuladas a partir de un deslucido equipo con pretensiones de erudición constitucionalista (del que hace poco se desmarcó el siempre contradictorio abogado Fabio Castillo), será a partir de ahora fermento para nuevas rutas a seguir en el empeño por controlarlo todo.

     El 15 de septiembre de 2021, no obstante, constituye un momento importante para la ciudadanía beligerante. Porque muestra que mucha simpatía puede tener un presidente (y ahora candidato para la reelección), pero si hay reparos ciudadanos de gran envergadura, pues esas tentativas inconstitucionales serán duras almendras que tragar, y no sin costos.

     El hecho de que se haya dado el acto vandálico contra la caseta Bitcoin en el parque Barrios indica dos cosas: por un lado, siempre hay pequeños grupos de desafectos que andan por completo desubicados del momento político que se vive y se dejan llevar por la efervescencia y, por otro lado, algunos de estos pequeños grupos pueden haber sido presas fáciles de la cooptación del primitivo y deslucido organismo de inteligencia estatal que ha intentado desacreditar la convocatoria ciudadana.

     Pero nada de estas acciones diversionistas prosperará, puesto que hay asuntos urgentes que están convocando a hombres y a mujeres conscientes, y eso pesa mucho más.

     Lo cierto es que, dado el estado de cosas actual, el electorado salvadoreño, por propia voluntad se puso esta soga al cuello, habrá que ver si es capaz de zafárselo, porque la soga aprieta, y puede asfixiar.

    

16-9-2021

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