Japón inicia el vertido de agua radioactiva de Fukushima

 

JORDI JOAN BAÑOS

 

La central atómica de Fukushima empezó ayer el vertido al océano Pacífico de más de mil millones de litros de agua almacenada, utilizada para enfriar sus reactores dañados desde el catastrófico terremoto con tsunami del 2011.

Tepco, gestora de las instalaciones, recibió el visto bueno del gobierno nipón hace más de dos años, cuando se comprometió a hacer un esfuerzo pedagógico que venciera los recelos de las comunidades más afectadas. Aunque esto no ha sido así y más voces se han alzado en contra del plan en otros países ribereños del Pacífico, este ha seguido su curso. Eso sí, bajo supervisión de la Organización Internacional de la Energía Atómica.

Durante los últimos años, Tepco dice haber desarrollado una tecnología de depuración que convierte en inocuos todos los isótopos radioactivos, con la excepción del tritio, cuya eliminación sería prohibitivamente cara. Aun así, el tritio vertido desde ayer a un kilómetro de la costa japonesa, a través de una tubería submarina, estaría dentro de los límites de seguridad, según Tokio.

En realidad, China ya compraba más pescado a Ecuador, Rusia e India que a Japón. Esta afirmación ha sido discutida por la organización ecologista Greenpeace, que habla de “poca transparencia” y subraya que no hay pruebas de que el nivel de radioactividad del tritio vertido haya de ser inocuo a largo plazo.

La paciencia de Hong Kong, segundo mercado internacional para el pescado y marisco japoneses, se agotó el martes pasado, junto a la de Macao, al prohibir la importación de alimentos marinos procedentes de diez prefecturas japonesas.

El Gobierno central de China, su primer mercado (550 millones de euros anuales) ha ido más allá, extendiendo la prohibición a todos los productos marinos del archipiélago. El temor a lo desconocido ha hecho que en los últimos días haya habido acaparamiento en algunos supermercados chinos para comprar sal marina antes de que empezaran los vertidos, que podrían alargarse más de tres décadas. En Hong Kong, muchos han adelantado sus visitas a establecimientos de sushi, por el mismo temor.

Tal como recuerdan algunos expertos, el riesgo trasciende fronteras y generaciones, algo en lo que coinciden 18 microestados del Pacífico, que hoy protestan contra el vertido, como ayer lo hacían contra las pruebas nucleares francesas.

En cualquier caso, el daño de imagen para Japón es real y se está traduciendo ya en perjuicios económicos tangibles para el sector pesquero y conservero. A sabiendas, la empresa energética ha asegurado que compensará a los afectados con el equivalente a 550 millones de euros, a los que se añaden 190 millones del propio Gobierno.

Pero un centenar de pescadores y mariscadores de la zona denuncian “ocultación de datos” y ayer anunciaron que presentarán una demanda.

Doce años después, Fukushima sigue alimentando el debate sobre el coste real de la energía nuclear, en un momento en que la guerra de Rusia, tanto o más que el calentamiento global, ha llevado a su rehabilitación acelerada en Europa hasta por sus enemigos más acérrimos, como los Verdes alemanes.

La empresa dice que el agua de Fukushima es inocua tras un largo proceso de filtrado y dilución

Que la alineación política no es ajena a decisiones de salud pública se pone en evidencia también por la reacción según los distintos actores en el litoral asiático. Así, no ha habido objeción al vertido por parte de los gobiernos de Filipinas, Taiwán o Corea del Sur. Aunque en este último país, una parte de la sociedad se ha rebelado contra la aquiescencia del jefe de Gobierno, Yoon Suk Yeol, que la semana pasada estrechaba la mano del primer ministro japonés, Fukio Mishida, en Camp David.

Ayer, 16 manifestantes coreanos fueron detenidos cuando intentaban entrar por la fuerza en la embajada de Japón en Seúl a la hora del vertido.

Aunque China ya compraba hasta ahora más pescado y marisco a Ecuador, Rusia e India que a Japón, Pekín critica la decisión nipona por “egoísta e irresponsable” y atentar “contra la seguridad alimentaria”.

También expertos occidentales cuestionan el precedente establecido por Japón, ignorando los recelos de los vecinos con los que comparte aguas. El estudio radiológico de la propia empresa, de hecho, es muy posterior a la decisión política. Además, hay un margen de error: un 70% del agua contenida en un millar de tanques de Fukushima, cercanos a la saturación, deberá ser filtrada de nuevo.

 

Bangkok, 25 agosto 2023

 

www.lavanguardia.com

 

 

 

 

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