Bitácora electoral 27

EQUIPO DE INVESTIGACIÓN CENTROAMERICANA

 

 

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Eso de que solo a partir de cierta fecha, según el Código Electoral, se puede ‘pedir’ el voto, no deja de expresar ingenuidad de parte de los legisladores que así lo dispusieron. Porque el irrespeto, desde siempre, a esta disposición, revela las intenciones de los actores políticos. Lo único que no hacen o dicen, hasta la fecha ‘autorizada’, es pedir el voto de modo directo. Pero todo el tiempo anterior que han estado en campaña no autorizada lo que han hecho es pedirlo de forma subliminal.

     En el marco electoral de las elecciones que se realizarán el 28 de febrero, es importante señalar que tendrán lugar en un escenario político marcado por lo extraño, lo anómalo y lo regresivo.

     Desde el 9 de febrero de 2020, cuando se produjo el asalto a la Asamblea Legislativa, quedó patente que la tentación por romper el orden constitucional había dejado de ser una presunción y se convirtió en una realidad inocultable.

     Lo extraño no es que se produjera el asalto al palacio legislativo por parte de la cabeza principal del Órgano Ejecutivo, eso era algo que podía esperarse, pero que se realizara en un momento en el que todo apuntaba a que la imagen presidencial (¡el gran elector de esta campaña!) seguía creciendo como la espuma, eso sí que es extraño. ¿Por qué hacer un desaguisado de este tipo? Y lo desconcertante es que se anunció como una ‘insurrección contra la Asamblea Legislativa’ (formulación política extraña, por lo demás). Y terminó en un churrito, por ser irrelevante su convocatoria de masas. ¿Qué pasó? Lo de siempre: confundir las alocadas pretensiones políticas con las pétreas señales de la realidad. Creer que contar con la manu militari es suficiente para imponer pareceres. En democracia, la administración del disenso es una de las claves de su fortaleza. El aplastamiento político ya se sabe lo que es.

     Lo anómalo es que, incluso con la emergencia sanitaria en su apogeo, continuó el desvarío por estigmatizar y anatemizar a sus enemigos políticos (porque así los considera la fuerza política con preeminencia electoral en este momento), y las andanadas verbales y en redes sociales no cesaron, y ahora adquieren otros matices.

     Lo que relata el alcalde Muyshondt en cuanto a que agradece al presidente de la república el cese del acoso de vigilancia a su esposa cuando salía a ejercitarse, sin duda es una pieza anómala en este ajedrez político que se juega como si fuera juego de damas o de no-te-enojes. O qué decir de la ‘actuación electoral’, en el papel del trabajo sucio, por parte del ministro de Trabajo. ¿Un ministro en campaña electoral desprestigiando a varios candidatos a alcaldes?

     Bertha Deleón, la abogada candidata a diputada, quien se «apió», según sus palabras, a Walter Araujo, al ser descartado por la Sala de lo Constitucional como candidato a diputado por Nuevas Ideas, se adelantó con un recurso de inconstitucionalidad y entonces el ministro de Trabajo salió corriendo al Tribunal Supremo Electoral a pedir nulidades de candidaturas de sus ‘enemigos’ y amenazando con que también irá a la Sala de lo Constitucional. ¿Que el referido ministro no se ha dado cuenta que está en la vía pública haciendo ese numerito? ¡Qué anomalía!

     Pero no solo lo extraño y lo anómalo son moneda corriente en esta campaña electoral, también lo regresivo está adquiriendo fuerza. Y esto toca a la actuación del ministro de Defensa, quien también se encuentra en campaña electoral. Señalar, como lo hizo, frente a la comisión ad hoc que analiza las posibles reformas a la Constitución (otros que están dentro de la campaña electoral, jugando a la neutralidad), acerca de modificar en la Constitución lo de la apoliticidad de la Fuerza Armada. Esa petición no solo es desafortunada, sino que también es expresión de regresión. Eso es desconocer la trayectoria histórica del país de los últimos 100 años.

 

30-1-2021

 

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