Bitácora electoral 38

EQUIPO DE INVESTIGACIÓN CENTROAMERICANA

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Quedan poco más de dos semanas para las elecciones de concejos municipales y diputaciones y, en medio del ruido mediático, en El Salvador, se ha vuelto difícil hablar de temas políticos si no se avanza por la senda narrativa trazada por el presidente. En ese sentido, es un logro importante para él y sus aliados electorales estar siempre en el ojo del huracán.

Suele decirse en diferentes círculos que toda publicidad es positiva si se sabe cómo catapultarla a algo más, sea buena o mala.

Lo sucedido el 9 de febrero de 2020, el amague de asalto a la Asamblea Legislativa por parte de Nayib Bukele y cientos de sus seguidores, no constituye un golpe de Estado, es más bien una mueca de orden autoritario, y no ha sido otra cosa más que un hecho icónico que se ha sabido catapultar a favor o en contra por el oficialismo y por la oposición, respectivamente.

Eso no significa que el acto mismo no sea reprochable, porque lo es, representa un síntoma negativo de la salud política de la población. Además, el hecho está adobado y amparado, según expresan los correligionarios de Nuevas Ideas, con el artículo 87 de la Constitución, que plantea la posibilidad de insurrección del pueblo para restablecer el orden constitucional, sin embargo, lo acaecido ese día, no era tanto ‘el pueblo’, como buses que recogieron a personas del interior del país para que asistieran a la convocatoria que estaba protagonizada por Nayib Bukele acompañado de soldados y militares, con la intención de marcar un precedente y presionar a la Asamblea Legislativa para aprobar un préstamo que sería usado en el plan control territorial.

Ha pasado un año desde entonces, pero ahora la narrativa cambia. El 9 de febrero de 2021 tuvo el protagonismo de diversos movimientos sociales que se hicieron presentes en las calles de San Salvador por medio de concentraciones de un par de cientos de personas que pedían el #9FNuncaMás y el protagonismo del diputado de ARENA Velásquez Parker, al introducir una pieza de correspondencia en la Asamblea Legislativa para que se analice el estado de la salud mental del presidente, apelando al artículo 131, numeral 20 de la Constitución.

Ese hecho, tampoco es un golpe de Estado, por el contrario, significa un esfuerzo, promovido por uno de los represetantes del ‘pueblo’, para asegurarle a la población, dados los precedentes del presidente y compañía, de que se está siendo gobernados por alguien capaz y competente. Aunque, por otra parte, vale la pena decir que Velásquez Parker no es el más digno ejemplo de cordura o sanidad mental, dado que hace un par de años agredió a un periodista ante muchas cámaras en un claro descontrol de sus facultades.

Lo que queda de manifiesto en esa fecha es la fragilidad del orden político salvadoreño, donde diversos actores sociales sacan su raja mediática y promueven de una forma u otra, la alteración del orden establecido constitucional y democráticamente, pero al final, todo termina siendo un festín digital de hashtags, fotos, videos, montajes, memes, tuits y tiktoks.

El Salvador está imbuido en un sacudón político hecho de espejismos, ilusiones, amenazas y mentiras. Mientras tanto, en las campañas electorales de los distintos partidos no se mira por ningún lado una oferta política que busque sacar al país de tremendo desatino.

10-2-2021

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