Bitácora electoral 28

EQUIPO DE INVESTIGACIÓN CENTROAMERICANA

 

 

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Desde hace un par de días el Movimiento Universitario de El Salvador (MUES) filtró en las redes sociales fragmentos de un audio de un profesor universitario durante sus clases en línea increpando a sus estudiantes, usando lenguaje soez y denigrante, alterado en su tono de voz, dejando ir uno que otro insulto, les recrimina el no haber leído unos textos y otros asuntos menores, incluso se lo escucha golpear la mesa de vez en cuando.

Probablemente  el profesor sufrió un ataque de histeria. Pero lo interesante de asuntos como este son las grietas profundas que desvelan. Está claro que habrán motivos de sobra para justificar una agresión y no por eso se vuelve algo bueno el hacerla. Como también es razonable que un fragmento de audio sacado de contexto no es prueba fehaciente para evaluar un incidente. Sin embargo, a juzgar por los comentarios expresados en las redes, las opiniones están divididas en dos: por un lado, están quienes creen que el profesor obró bien, porque no hay mejor modo que ese para aprender; por otro lado, están quienes afirman que el profesor está agrediendo a los estudiantes al hablarles de esa forma. En todo caso, se reconoce la agresión en ambas posturas. En una se normaliza, en la otra se denuncia, cuando lo que debe plantearse es una reforma al sistema educativo y una actualización de métodos pedagógicos que sean capaces de navegar ante la adversidad del presente.

Un hecho como ese permite ser extrapolado a otro ámbito de la cultura salvadoreña: las organizaciones políticas, sean del índole que sean, departen de practicas jerárquicas y de dominación, que ratifican esa creencia popular construida a lo largo de siglos que afirma que con maltratos y a la fuerza es el modo en que el salvadoreño ‘entiende’. Como lo que ocurrió durante la cuarentena y los centros de contención para quienes no acataban los decretos ejecutivos del presidente. La juventud es educada bajo esa premisa y las universidades ratifican en sus procesos de enseñanza (que más parecen de adoctrinamiento) esa idea, con conductas como las del profesor expuesto en redes sociales. Un incidente como ese ha sido comidilla de aspirantes a diputación que enarbolan la bandera de la educación, sin embargo, nadie se ha atrevido a sentar una postura contundente al respecto, sin duda habrán multiplicidad de temas más atractivos de los que hablar, pero de momento, El Salvador lleva al menos un lustro en una vorágine discursiva que fomenta el odio y la división. Si los diputados y el presidente se insultan y denigran en Twitter, ¿qué puede importar que lo haga un profesor con sus estudiantes en Zoom?

 

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Los medios de comunicación masiva y las redes sociales almacenan y difunden la violencia simbólica que ejercen, por ejemplo, las empresas sobre sus clientes, cuando emplean trampas para estafar o mensajes subliminales para engañar o colores para seducir e inquietar. También difunden la violencia simbólica que se construye en las dinámicas políticas, donde la difamación, la mentira y el acoso forman parte de la rutina, partidos políticos, funcionarios, activistas, analistas, se dedican a construir hilos discursivos donde prima el conflicto antes que la conciliación.

Durante la cuarentena, la población salvadoreña tuvo que adaptarse al aislamiento parcial y a través de cápsulas informativas captadas desde diversos puntos de la mass media tuvo que articular una postura que cobrase sentido. Sin embargo, la violencia simbólica, que es aquella que ataca las estructuras morales de las personas, está normalizada cuando el afán es vender un servicio o mercancía o cuando se buscan militantes y seguidores de partidos políticos. 

En tiempos de crisis, los discursos políticos de una nación que busca salir adelante no deben ser sediciosos ni contener violencia simbólica. El equilibrio es una virtud para quienes lideran países y gobiernan jurisdicciones territoriales o tienen poder de decisión. A pesar de ello, El Salvador continúa inmerso en el desequilibrio y su sistema educativo y las prácticas docentes son viva muestra de ello.

 

31-2-2021

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