Carta de Fitzgerald 21 febrero 1921

Querido Bob,

                      Tu carta me sulfuró a tal punto que te contesto de inmediato. ¿Cuál es toda esa «verdadera gente» que «genera negocios y política» y cuya aprobación debería codiciar tanto? ¿Te refieres a los especuladores que acumulan azúcar en sus depósitos para que la gente tenga que abstenerse, o a los canallas que gracias al soborno y la preparación universitaria se las arreglan para manejar elecciones? Ni siquiera puedo levantar el diario sin ver que alguna de esa «verdadera gente», a la que no se conforma solo con «una mente brillante» (te cito), acaba de irse una temporada a Sing Sing. Brindell y Hegerman, dos pilares de la sociedad, salieron esta mañana.

     ¿Quién demonios respetó alguna vez a Shelley, Whitman, Poe, O’Henry, Verlaine, Swinburne, Villon, Shakespeare, etcétera cuando estaban vivos? A Shelley y a Swinburne los echaron del colegio; Verlaine y O’Henry estuvieron presos. El resto fueron borrachos o libertinos, algo que la gente decente no toleraría, según les decían regularmente los comerciantes, los políticos insignificantes y los mesías baratos de la época. Los mercaderes, y mesías, los astutos y los obtusos, son polvo… y los otros siguen viviendo.

     Ocasionalmente, un hombre como Shaw —a quien llamaron un inmoral cincuenta veces peor que yo en los 90— vive lo suficiente como para que el mundo crezca y se ponga a su altura. Lo que él creía en 1890 era una herejía en ese entonces; ahora es casi respetable. Creo que me dejé dominar demasiado tiempo por «autoridades» —el director Newman, el de St. Paul, el de Princeton, mi jefe de regimiento, mi jefe en el trabajo— que no sabían más que yo. De hecho, diría que esos cinco eran claramente mis inferiores mentales. ¡Y eso es todo lo que cuenta! Los Rousseau, Marx y Tolstói —hombres de pensamiento, te hago notar, hombres «imprácticos», «idealistas»— hicieron más para decidir la comida que tú comes y las cosas que tú piensas y haces que todos los millones de Roosevelt y Rockefller que se pavonean 20 años balbuceando frases 100% americano (lo cual significa 99% pueblerino idiota) y mueren con una lisonjita complaciente al Dios ridículo y cruel que instalaron en su corazón.

 

Francis Scott Fitzgerald

Carta a Robert D. Clark

9 de febrero 1921

 

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