Literatura y política

JAIME BARBA

REGIÓN Centro de Investigaciones

 

Hace unos doce años o un poco más nos encontramos con Jorge Qüehl, un viejo amigo de universidad. Aunque él iba y yo venía (o al revés) el pasillo en el que casi chocamos de frente nos permitió apartarnos unos minutos, no para ponernos al día, pero sí para comentar lo que acaecía. Me dijo que se había ido del país una temporada, a Gringolandia (sic), pero a los tres años se sintió abotagado y apesadumbrado por la condición a la que cayó, y mejor se regresó.

Aunque sabía que iba tarde al sueño americano, me dijo Jorge esa vez, para mí fue una experiencia traumática. No me pude contener y le pregunté por qué. Te lo resumo, sentenció: Aquí no es que valga mucho, ya sabés, este país desprecia el trabajo cultural y se regodea con eso y, sin embargo, algo valía aquí, un penique, digamos. Pero allá, en Gringolandia, no, viejo, allá percibí que mi condición era la de una máquina tragamonedas. Y no es que me impusieran eso, es que el ritmo trepidante que se vive, y que viven los inmigrantes, solo da para conseguir dinero y para gastarlo. Yo quería seguir haciendo libros y dibujando, pero no pude, por eso me regresé.

Antes de despedirnos, se aproximó a mi oído y me dio un consejo: No te vayás a ir de aquí, porque intuyo que lo que viene nos va a sorprender a todos y, además, no habrá mejor escenario para escribir literatura que ese.

Jorge se retiró y me zarandeó con lo que me dijo. Exageraba, me respondí en aquel entonces.

A Jorge ya no lo he visto ni he podido ubicar sus trabajos, supongo que se volvió a largar. Pero estaba en lo cierto. Lo que este país ha vivido en estos últimos doce años es de un valor incalculable… para la literatura.

El derrumbe de la figura presidencial que, sobre todo los últimos presidentes del país desde hace 25 años han contribuido a concretar, da muchísimo material para la fragua de relevantes sagas ficcionales. De cuño realista o de vertiente fantástica, da igual.

Estarían en su salsa Raymond Chandler o Georges Simenon con todo lo que ha estallado (¡y lo que falta!) en el mundo de la política.

Un expresidente que se vio obligado a aceptar que un país extranjero le había hecho llegar dinero a él (amparado en la figura presidencial) y este a su vez lo transfirió a su partido político bajo la modalidad de cuentas en el exterior. Ya solo eso, da para un bárbaro trozo narrativo o para un guion cinematográfico.   

También está el caso de un expresidente que hubo de confesar (para recibir beneficios judiciales de reducción de pena; un arreglo, pues) la trama del desvío de millones de dólares procedentes de las arcas del Estado.

O qué decir del otro expresidente al que le están acumulando ya varias órdenes de captura internacional por toda clase de infracciones a la ley y, sin embargo, la Fiscalía no ha podido establecer aún las pruebas incontrovertibles de su participación en estos hechos, aunque casi toda su cohorte ha sido aprehendida (su secretario de Comunicaciones, por ejemplo) o se ha entregado (su secretario Privado). Se podrá tener el juicio que se quiera acerca de este caso, pero es claro que da para una variada trama ficcional en diversos formatos: cuento, teatro, guion cinematográfico, novela, relato testimonial. Y claro, para lo que los norteamericanos llaman, textos de no-ficción.

Falta aún por indagar en el anterior período gubernamental, que también está plagado de irregularidades. Y claro, lo del presente quehacer gubernamental que está aportando muchísimo material para la producción literaria.

Pero decir literatura es hablar de personajes, de construcción de personajes, que a veces se presentan en estado puro y solo hay que medio peinarlos (porque maquillados ya están) para que entren al mundo de la ficción. En otras situaciones, que son extraordinarias, como el juico a los militares por la masacre de El Mozote, a los personajes hay que darles vida desde la ficción.

Hay muchas vetas, porque no solo es lo que pasó, lo que está pasando y lo que pasará en el sistema político. En el ámbito judicial hay miles de historias por hilvanar, sobre lo que acontece en los diferentes juzgados. También están los performances de magistrados, de abogados, de diputados, de fiscales, de ministros y viceministros, de jueces. Y qué no decir de la olla de grillos que es la Policía Nacional Civil. Lo que aparece en los periódicos se queda corto frente a la vastedad de hechos que aguardan por ser explotados… en sentido literario.

El quehacer político está llevando a la ruina al país… ¡pero está dando un gran aporte a la literatura!

 

20 septiembre 2020

 

Pintura de portada: El tres de mayo de 1808 en Madrid, por Francisco de Goya.

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