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Opciones opacas

Al iniciar junio, Centroamérica más República Dominicana tendrán cerca de 46 800 contagiados con covid-19 y un poco menos de 1290 muertos. Si se desagrega la información por país y se ponderan capacidades instaladas y fortaleza institucional, sin duda que El Salvador sale mal parado, por más de un aspecto.

Antes de la emergencia sanitaria el sistema público de salud salvadoreño atravesaba por una situación de indefinición en su proyección estratégica, puesto que las realizaciones de los últimos diez años habían quedado en entredicho. No es que hubiese grandes logros de gestión, pero al menos eran un avance. Desde el 1 de junio de 2019, que asumió el nuevo gobierno, esto se desdibujó y es así como El Salvador entró a la emergencia sanitaria.

La expansión mundial de la covid-19 abrió un parteaguas en materia sanitaria, como nunca antes. Este hecho, de por sí atípico, no ha afectado de la misma forma a todos los países.

Sin duda que los recursos científico-técnicos y financieros con los que cuentan los países centrales no son ni comparables con los de los países dependientes y subdesarrollados, donde la carencia, la precariedad y la debilidad institucional son moneda corriente.

Por esa razón es muy preocupante lo que está ocurriendo en El Salvador en cuanto al manejo de la emergencia sanitaria a propósito de la covid-19, donde ya se reportan 2653 casos confirmados y 46 muertos. El tono y el modo de la intervención gubernamental está bastante lejos de la serenidad y el equilibrio que ameritan las actuales graves circunstancias. Pareciera que los objetivos electorales y de posicionamiento político para conseguir una absoluta correlación de fuerzas a su favor son lo único que está en juego.

Los estragos dejados por la tormenta tropical Amanda, que a su paso por El Salvador contabiliza 16 muertos, 34 derrumbes, 7225 damnificados y 900 viviendas dañadas han venido a poner en evidencia, por si alguien lo había olvidado, que esta gestión gubernamental necesita momentos críticos para despotricar contra sus adversarios inmediatos (que son los dos partidos políticos principales de la Asamblea Legislativa) y mantenerse ‘arriba’ y en ‘beligerancia’ frente a sus contrincantes (reales o imaginarios) para que su audiencia, o sea, sus futuros votantes, continúen brindando el mismo respaldo que cuando se obtuvo la victoria electoral el 9 de febrero de 2019.  

Como sea, se trata de un complicado malabarismo electoral, con el agravante de que se está realizando sobre un montículo de cadáveres, y en el marco de la incertidumbre que provoca estar en medio de la emergencia sanitaria por la covid-19.

¿Hay opciones para El Salvador? Por supuesto que sí, pero la mayoría son opacas opciones en un tiempo oscuro.

 

(Redacción-KDP)

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