El futuro en nuestras manos

VÍCTOR AMELA, IMA SANCHÍS, LLUÍS AMIGUET

Entrevistan a MARTIN RESS

23 junio 2020

 

Lord Martin Rees, es astrofísico y tiene 78 años de edad. «Vivo en Cambridge, trabajo en la universidad. Soy el astrónomo real del Reino Unido. Miembro y antiguo maestro del Trinity College. Mi esposa es profesora de Antropología Social. No tenemos hijos. Soy socialista y espero que la crisis actual nos haga valorar a los trabajadores clave». Es miembro de la Cámara de los Lores y expresidente de la Royal Society, la academia de ciencias británica. Investiga sobre la exploración espacial, los agujeros negros, la formación de galaxias, el multiverso y las perspectivas de la vida extraterrestre. Es cofundador del Centro para el Estudio de los Riesgos Existenciales de la Universidad de Cambridge (CSER). En su último libro, En el futuro. Perspectivas para la humanidad (Crítica), expone los problemas cruciales a los que nos enfrentamos. Me cuenta que su mujer y él llevan tres meses confinados y que han estado contentos escribiendo, dando conferencias y participando en reuniones vía Zoom. «Funciona tan bien que cuando la crisis termine voy a hacer más viajes internacionales virtuales y menos vuelos».

 

¿Qué le preocupa?

Que la tecnología –la biotecnología o la cibertecnología– da a pequeños grupos disidentes o investigadores el poder de iniciar desastres globales, ya sea por error o por diseño. El escenario de pesadilla de un virus diseñado artificialmente, que sería más virulento y transmisible que los que surgen naturalmente, existe.

 

¿Acabaremos con nuestra especie?

Es un siglo difícil, y estamos tan interconectados que un desastre en un lugar se extiende globalmente, y eso provoca un serio riesgo de trastornos sociales recurrentes que causan regresión en lugar de progreso en la sociedad global.

 

¿Por qué hay tan poco respeto por la vida?

Tenemos más respeto por la vida humana que en los siglos anteriores cuando, por ejemplo, la esclavitud era aceptable. Pero estamos despojando y empobreciendo al resto de la creación. Creo que la agricultura industrial será vista por las generaciones futuras como uno de los grandes males de nuestra época, su capacidad destructiva es enorme.

 

Parece que estamos afrontando la pandemia bastante bien…

No creo que podamos ser complacientes. Algunos países como Vietnam y Nueva Zelanda han hecho un trabajo mejor que Inglaterra o España. Pero me temo que la pandemia aún no ha alcanzado su punto máximo en el mundo en vías de desarrollo, allí el número de muertes y trastornos puede ser el más masivo y trágico.

 

¿Vamos a ser capaces de pensar globalmente a la hora de afrontar el futuro?

La tecnología lo permite, pero las tendencias políticas se dirigen hacia el nacionalismo; el más desastroso, en EE.UU. Necesitamos más organismos internacionales para regular internet, la energía y otros aspectos de nuestras vidas que se interconectan en todo el mundo.

 

Gran Bretaña también ha optado por el ­nacionalismo.

Estoy consternado y avergonzado por la política británica sobre el Brexit. Ahora estamos ante un escenario en el que no se puede confiar ni en Estados Unidos ni en China. La unidad de Europa como fuerza progresiva y poderosa es más importante que nunca.

 

¿Nuestras sociedades pueden retroceder?

Tras esta pandemia habrá una tensión creciente entre tres cosas que valoramos: la libertad, la seguridad y la privacidad. Los chinos están más dispuestos a abandonar la privacidad como precio de una mayor seguridad, mientras que en EE.UU. están menos dispuestos (¡y quieren conservar sus armas!); las actitudes en Europa están en algún punto intermedio.

 

¿Qué es lo que más teme?

Que una serie de eventos perturbadores erosione el tejido de la sociedad. Pandemias como esta y desastres ecológicos pueden producir una ruptura del orden social. De la misma manera, un ciberataque que cerrara la red eléctrica en una fracción de tiempo insignificante en un país llevaría a la anarquía en pocos días.

 

Usted insiste en la amenaza creciente del bioterrorismo.

Y del bioerror. Millones de personas van a adquirir experiencia en estas áreas, y las instalaciones necesarias para crear un arma biológica son modestas y están disponibles.

 

Dice que estamos ante un momento único en la historia del planeta Tierra, ¿por qué?

La Tierra ha existido durante 45 millones de siglos, pero esta es la primera vez que una especie dominante tiene el destino en sus manos. Podemos, literalmente, acabar con la promesa futura de la vida o iniciar un futuro brillante, aquí en la Tierra y, algún día, mucho más lejos.

 

¿Es posible que durante este siglo huyamos a las estrellas?

En principio debería ser posible establecer un pequeño asentamiento en la Luna o en Marte.

 

¿Viajarán científicos, gente rica, locos…?

Creo que solo unos pocos aventureros intrépidos querrían ir. Vivir en Marte sería menos cómodo que vivir en la cima del Everest o en un gran tanque en el fondo del océano. Es un peligroso engaño afirmar que podemos escapar de los problemas de la Tierra yendo a otro lugar.

 

¿Y dice que crearemos una nueva especie?

Será posible modificar drásticamente a los humanos mediante la ingeniería genética y las técnicas de los cyborgs. Pero espero que estas técnicas sean estrictamente reguladas en la Tierra.

 

¿Por qué teme revoluciones en Marte?

Vivirán en un ambiente hostil para el cual están mal adaptados. Tendrán el incentivo y la oportunidad de rediseñarse a sí mismos y a su progenie: transformarse, descargarse en criaturas electrónicas, no necesitar una atmósfera y ser casi inmortales. Estos poshumanos encabezarán la expansión más allá del sistema solar.

Puede que seamos solo uno entre millones de hormigueros en el multiverso.Es una especulación, pero no una locura. Tal vez nuestro big bang era solo uno de miles de millones.

 

¿Qué es lo que más le sorprende de la vida?

Cuanto más aprendo sobre el mundo natural, más asombroso me parece. Piense en la elaborada cadena de procesos químicos sincronizados que tiene que ocurrir cada vez que una mosca agita sus alas. Estos son probablemente misterios para siempre más allá de la comprensión humana. ■

 

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