La fórmula mágica

No hay una fórmula mágica para salir de esta situación crítica que la expansión global de la covid-19 ha generado. Pero sí hay caminos de salida, aunque no perfectos ni exentos de imprecisiones.

      Puesto que se trata de un inevitable escenario planetario en el que nos encontramos, dada la radicalidad de la mundialización de los vínculos sociales, siempre es posible observar con detenimiento lo que ocurre en espacios acotados.

     Al considerar la evolución de los casos de Italia, de España y de Estados Unidos y contrastarlos con los de China, Corea del Sur, Vietnam, Singapur, India y Taiwán llama la atención la importancia de la reacción temprana frente a la expansión de la covid-19.

     Para los pequeños países periféricos, los de América Central —ámbito regional donde debe contabilizar también a Belice y a Panamá—, la situación que está planteada es de gran dramatismo, si se considera su quebrantada situación social y sus maltrechos sistemas de salud, y donde Costa Rica, tal vez aún conserva cierto margen de excepcionalidad, pero ya no mucho.

      Puede decirse que en un sentido general ha habido reacción rápida y cierta drasticidad en las medidas de contención (sobre todo en El Salvador y en Panamá). Es lo que sigue, donde podrían suscitarse graves complicaciones.

     Es solo un buen paso la reacción rápida en la contención, como ha sido el caso de El Salvador, que ‘atajó’ a tiempo a las personas que ingresaban por las distintas fronteras y que provenían de países que ya estaban en crisis sanitaria (dichas personas fueron conducidas a albergues —improvisados, en un primer momento—). Quizás está reacción rápida logró conformar un aglomerado de población que permitía cercar a los posibles contagiados. Y, de hecho, de los 78 casos reportados con covid-19 (hasta el 7 de abril) 72 son del tipo ‘importados’ y han sido extraídos de los albergues. Los 6 restantes han sido contagios locales (en cuatro puntos precisos del pequeño territorio salvadoreño). Es decir, todo en un marco general de control.

     La puesta en acción de la cuarentena general para la mayoría de la población ha sido la siguiente medida que ha permitido, hasta hoy, que la mayoría de casos de covid-19 salgan de los albergues y solo, por ahora, un pequeño número de casos sean de contagio local.

     Tanto la contención como la cuarentena general cubren objetivos de retardar el número de contagiados y la velocidad de los contagios, que es lo que termina por desquiciar el sistema de salud de cualquier país, de los países centrales o de los periféricos.

     Sin duda que al optar por proteger a la población de los efectos de la covid-19, con las medidas adoptadas, en lo inmediato hay un estado de semi parálisis de la actividad económica, que pone desde ya a los países de América Central frente a un cuadro de gran complejidad, incluso antes de que comience a ceder la emergencia sanitaria. Porque si no baja el nivel de circulación de personas en los espacios urbanos, sobre todo, los contagios se dispararán, y si esta semi parálisis se mantiene por mucho tiempo, pues comenzará a desestructurarse el actual dispositivo económico de los países, y sus consecuencias pueden imaginarse.

     La medida adoptada en El Salvador de entregar, por una única vez, 300 dólares, de acuerdo a la información oficial, a 1.5 millones de familias, es una acción de salvataje, pero de cortísimo plazo. ¿Y después?

     Esta emergencia sanitaria es un test no solo para los dispositivos de salud o las capacidades institucionales, es, ante todo, un momento para redefinir cursos de acción y patrones de reproducción económico-social-ambiental que quizás en algún momento se vieron, cuando se plantearon, como una exageración política. Y no, el fin de este estilo depredador de vida pareciera haber llegado a un límite insuperable.

     Quienes ahora invocan el ‘todo cambiará de aquí en adelante’ y a renglón seguido afirman que el camino es pasar a la economía digital y a la cuarta revolución industrial, se están olvidando de lo que ha originado todo este caos planetario.

     Si en los países de América Central los diferentes proyectos políticos no comprenden que esta es una hora de recomposición general y quieren seguir como antes de esta emergencia sanitaria, que habría que llamar mejor emergencia social-sanitaria, pues pueden quedarse silbando en la loma, porque en el escenario mundial habrá algún tipo de reacomodos. Eso sí, está por verse cómo es que habrá que ir buscando ese camino de la recomposición económico-social-ambiental, siendo una oportunidad extraordinaria para los países de América Central para repensarse, y donde los ejercicios autónomos de ciudadanía deberían primar.

      No hay fórmula mágica que alguien pueda esgrimir, pero sí es real que hay ya escenarios en los que se pueden replantear los desatinos que han prevalecido hasta hoy y donde, si se quiere prestar un buen servicio a las generaciones venideras, se puede actuar de otro modo, uno más humano y sin excesos y sin desvaríos de dominación y sometimiento de todas las especies que habitan el planeta.